Se cumplen 29 años de la peor masacre cometida en Colombia, la Masacre de Tacueyó

 

 

 

Por: Yinner Bravo Astaíza

YINNEREntre noviembre de 1985 y enero de 1986, Fedor Rey, conocido como ‘Javier Delgado’, comandante de una guerrilla disidente de las Farc, y su lugarteniente más cercano, Hernando Pizarro León gomez, asesinaron a 164 de sus compañeros. La mayoría, jóvenes campesinos que habían ingresado recientemente a las filas de su movimiento.

Muchos también eran universitarios que fueron llamados por Delgado hasta sus campamentos con el sólo propósito de ser asesinados.

‘El monstruo de los Andes’, como se le conoció a Delgado, torturó a todas sus víctimas con métodos que ni siquiera se conocieron en las sangrientas épocas de la Violencia. Se encontraron cuerpos a los que les habían abierto el pecho, aún con vida, para desgarrarles el corazón. Tres cadáveres de mujeres embarazadas con los vientres vacíos. Varios de esos hombres fueron enterrados vivos. Todos estaban mutilados. En los primeros días de diciembre de ese año empezaron los rumores de que en Tacueyó, Cauca, se estaba produciendo una matanza sin precedentes. Se sabía que Delgado estaba matando a sus propios compañeros, obsesionado con la idea de que eran militares infiltrados en su movimiento. El grupo Ricardo Franco había nacido a principios de los 80, cuando Delgado, que era un hombre de confianza de Jacobo Arenas en las Farc, se fugó con un millón de dólares para crear su propia guerrilla. Gracias al dinero y a su radicalidad, creció muy rápidamente, especialmente en Cauca. Los rumores de la matanza avivaron la curiosidad de los periodistas. Se hablaba de que en las montañas de Toribío estaba el Pol Pot colombiano. Es decir el responsable del genocidio más grande en la historia de oriente. Entonces, un grupo de reporteros

buscó contacto con Delgado y llegaron hasta su campamento. Lo que vieron quedó plasmado en fotos y videos, como una historia de horror. Cinco hombres, con cadenas amarradas a sus pies, manos y cuello, esperaban su ejecución. Cada uno de ellos, después de haber sido sometido a las más increíbles torturas, confesaba ser oficial del Ejército, o de los organismos de inteligencia. Uno de ellos, de apenas 15 años, que decía ser cabo del Ejército, los conmovió a todos. Los periodistas entendieron que la locura se había apoderado de los guerrilleros. Era completamente imposible que un niño fuera un suboficial y sólo pudieron imaginar el sufrimiento al que había sido sometido para terminar confesando semejante absurdo. La foto de los condenados a muerte le dio la vuelta al mundo. Los hombres fueron ejecutados, pero el niño sobrevivió.

La revista SEMANA de la cual estamos extrayendo este relato habló con él hace 10 años. Manrique, el niño que a los 15 años que conoció el infierno. Narro las peores historias de horror de las que se hayan presentado en el Cauca.

Un día tras cuestionar a delgado, el menor fue encadenó por la cabeza, las manos y los pies. Incluso fue enterrado, se logró fugar pero su propia madre lo entregó nuevamente a la guerrilla ahora al M19 con el que estuvo a su desmovilización, entonces, para le entrevista tenía 35 años vivía en una vereda en el Huila, en medio de la pobreza y el recuerdo del horror vivido. Hoy ya debe tener 45 si está vivo.

Volviendo a la historia en diciembre de 1985, después de que se conoció la masacre de Tacueyó, la Coordinadora Nacional Guerrillera expulsó al grupo Ricardo Franco. Las Farc se dieron a la tarea de perseguir a Hernando Pizarro y Javier Delgado, para matarlos. Pizarro murió baleado en una calle de Bogotá en 1994, al parecer en un asunto de delincuencia común. Delgado (Fedor Rey) fue capturado en 1995, en un operativo contra el cartel de Cali, organización para la que finalmente terminó trabajando. Fue condenado a 19 años de prisión por rebelión y por 164 homicidios ocurridos en Tacueyó. Delgado no llegó a cumplir su condena. En junio de 2002, el ‘monstruo de los Andes’ fue ahorcado en su celda en la cárcel de máxima seguridad en Palmira por un comando de las Farc. Esta ha sido quizá la más numerosa y atroz masacre cometida en el país en las tres última décadas. Paradójicamente, fue cometida por la guerrilla contra sus propios hombres. Y también ha pasado a la historia como el más espeluznante caso de paranoia colectiva. Que algo así llegara a ocurrir no se explica sólo en la locura de unos cuantos, sino en el profundo autoritarismo que se anida en las estructuras de la guerra. Y que a lo largo de estos años se ha repetido incontables veces.

La masacre de Tacueyó se revive y quizá un capitulo adicional a lo ya conocido lo podrán contar unos muertos, los restos de quienes fueron encontrados en una fosa común entre jambaló y toribío el pasado fin de semana. Los restos de hombres, mujeres y niños ya están en Cali, y las autoridades esperan revelar detalles de la información que logren recaudar de las huellas de esos huesos; seguramente como creen las autoridades, una nueva prueba de un capitulo violento que hoy vuelve a recordar el Cauca, del horror de una guerra que sigue tocando las puertas constantemente de este departamento.

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