Ojalá las fiestas fueran como los velorios

Uno de los momentos donde se nota con más facilidad el aprecio social es en un velorio.

Cuando una persona muere, sus familias, sus amigos, sus allegados, sus vecinos, cancelan cualquier compromiso, emprenden viajes inesperados, se apartan de cualquier actividad con tal de acompañar a la familia del difunto.

Las funerarias muchas veces no dan abasto, en las salas muchas veces no caben más flores.

A estos lugares donde se le da el último aDiós a la presencia física de un ser querido llegan amigos de la infancia, de antiguos trabajos, de fugaces relaciones.

Incluso aparecen personas de esos que nunca van a nada.

Y todos se abrazan, todo lloran, todos conversan y todos comparten por unas horas.

Contrario a lo que ocurre en una fiesta todos, todos, nuestros seres queridos se unen entorno a un homenaje.

Un velorio es el acto más sencillo que existe y todos van.

Un velorio se comparte con una aromática y un tinto, a veces un trago de aguardiente, contrario a lo que ocurre en una fiesta, donde curiosamente celebramos la vida y tenemos la oportunidad de compartir con el homenajeado.

Cuántas veces  hemos organizado una fiesta, sea una baby shower, una primera comunión, un grado, un matrimonio y hemos tenido que elegir, entre muchos, a quienes invitar, filtrar, descartar una gran lista, entre nuestros muchos conocidos o allegados.

Cuántas veces no es posible invitar a todos a quien quisiéramos por costos, porque  la sociedad nos ha llevado a que celebrar la vida, requiere de lujosos lugares, mesas, sillas, ramos, meseros, comida ostentosa, mesa de dulces, banda, mariachis, hora loca etc etc.

No es justo que que hoy una celebración de vida, una celebración familiar implica gastos millonarios y pocos, muy pocos invitados y la muerte convoque a cientos con tan solo un tinto y una aromática.

Imaginemos, que esas  mismas expresiones de afecto que se reciben en un velorio las recibiéramos en vida.

Que cuando celebremos la vida venga gente de todo lado, se envíe flores, los recibamos en casa y ellos lleguen de la misma manera que llegan a los velorios “Simplemente con la intención de dar afecto, sin esperar nada más”.

Ojalá así mismo tan desinteresadamente como son los funerales, fueran las celebraciones de vida.

Que no se necesitara una invitación para ir a una fiesta o a un cumpleaños, que fuesemos porque apreciamos a las personas que celebran su vida.

Un te quiero, un te acompaño, un vine porque te aprecio,es más que suficiente para honrar la vida de nuestros seres queridos.

Ojala las fiestas fueran como los velorios, en el sentido estricto del aprecio verdadero desinteresado.

Las Siete

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password

error: